La obra nos traslada a la católica Irlanda de los años 30 en una pequeña y pobre aldea en la que los personajes que pululan por ella están deseando salir, huir, escapar de esa monotonía en la que viven inmersos. El personaje en torno al cual gira la obra no va a ser menos y también quiere abandonar esa aldea pero tiene un agravante que lo hace, si cabe, más difícil, es un joven tullido de un brazo y de una pierna, lo cual le convierte en objeto de las burlas y las mofas del pueblo. Además es huérfano y vive al cuidado de sus tías. La llegada de un equipo cinematográfico de Hollywood para rodar en la isla de Arán una película, supone la oportunidad que tanto buscaba de abandonar el pueblo y también su condición de "tullido del pueblo" para convertirse en una estrella del séptimo arte.
En medio de todo esto, la obra presenta a una serie de los más variopintos personajes rodeados de un halo de misterio y taras donde cada uno puede ser una cosa y la contraria. Personajes llenos de matices a los que se les coge cariño aunque parezcan ser, en un principio, odiosos.
El reparto no puede ser mejor e, imagino, nada fácil para juntarlos en una producción. Supone la vuelta a los escenarios de dos grandes como Marisa Paredes y Terele Pávez, dan a sus personajes la justa dulzura y fortaleza para encarnar a las dos tías de Billy El Cojo, la primera nos enseña su camino hacia la locura, y la segunda, su brusquedad y dureza que le ha proporcionado la vida.
Ferrán Vilajosana hace el personaje de Billy el Cojo, un papel difícil que lo cumple a la perfección a pesar de su juventud. Un personaje con muchas aristas que muestra diferentes registros, lo que hace que se luzca por la riqueza del personaje, muy bien interpretado y dirigido.
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